"La Renga en Calafate: La Fuerza del Rock en el Corazón de la Patagonia"
El calendario marcaba el 22 de marzo y el eco del rock comenzaba a resonar en la imponente Calafate. La Renga, esa banda de Mataderos que trasciende kilómetros y fronteras, volvía a convocar a su legión en la provincia de Santa Cruz después de una larga espera.
Para muchos, el viaje a estas latitudes australes no era solo para presenciar un concierto, sino una peregrinación hacia un encuentro con la "familia renguera", esos amigos dispersos por el mapa argentino y países hermanos que comparten la misma pasión.
Calafate, con su magia y paisajes que quitan el aliento, se convertía en el escenario perfecto para este banquete. El día regaló un clima hermoso, ideal para compartir la alegría de la música y estrechar lazos con desconocidos unidos por un mismo latir rockero.
Desde días antes, el aire se impregnaba de la energía de las alturas y el inconfundible aroma a rock and roll. A medida que la noche sureña comenzaba a abrazar el paisaje, el calor humano se hacía sentir con fuerza.
Cánticos espontáneos, como el ya clásico "Una bandera que diga Che Guevara", comenzaban a escucharse cerca del anfiteatro municipal. Trapos multicolores, portadores de nombres de ciudades lejanas y países vecinos, flameaban como estandartes de una hermandad musical que no conoce de límites.
Pasadas las 21:30, la oscuridad se apoderó del anfiteatro, sumiendo a las cerca de 18 mil almas expectantes en un silencio cargado de anticipación. Entonces, el estallido. La Renga, con toda su potencia sonora, irrumpió con "Buena ruta hermano", desatando una ola de euforia entre los fanáticos que aguardaban ansiosamente este momento.