Dr. Chud x Ward: una noche cargada de horror, punk y nostalgia en Buenos Aires

Hay recitales que se miden por la cantidad de gente que entra en una sala y otros que se miden por lo que ocurre una vez que las luces se apagan. La presentación de Dr. Chud x Ward, celebrada el viernes 7 de agosto de 2026 en el Multiespacio Arkham, en pleno microcentro porteño, pertenece claramente a la segunda categoría.

La convocatoria quizás no fue la esperada. El recinto estuvo lejos de verse desbordado y, desde una perspectiva estrictamente comercial, la noche podría haber tenido una respuesta mayor. Pero reducir lo sucedido a una cuestión de cantidad sería perder de vista lo verdaderamente interesante: quienes estuvieron presentes fueron suficientes para convertir el lugar en una pequeña celebración del horror punk, con una energía que se mantuvo intacta incluso durante los prolongados retrasos que atravesaron toda la jornada.

Porque si hubo un protagonista inesperado, además de la propia banda, fueron los tiempos. La apertura de puertas estaba anunciada para las 19 y, en ese aspecto, la organización cumplió. El problema apareció después. El comienzo de cada banda sufrió retrasos que terminaron generando un efecto dominó: un horario que se corría, arrastraba al siguiente y así sucesivamente hasta que el plato fuerte, originalmente previsto para las 22, terminó subiendo al escenario pasadas las 22:30.

La espera, sin embargo, no logró apagar el entusiasmo.

La noche comenzó con Ghost Bastards, encargados de poner en movimiento un público que todavía se encontraba ingresando y acomodándose en el recinto. Su participación tuvo la función de abrir una jornada que progresivamente iría adquiriendo una estética cada vez más cercana al universo de horror y punk que terminaría dominando el escenario.

Después llegó Devilsnite, probablemente una de las propuestas que más llamó la atención antes incluso de que la música terminara de hablar por ellos.


La presencia escénica fue uno de sus puntos fuertes. La estética, cuidadosamente trabajada, encajó perfectamente con el espíritu de la fecha y ayudó a construir una atmósfera que no dependía únicamente de las canciones. En una noche atravesada por monstruos, muerte, oscuridad y referencias al cine de terror, Devilsnite entendió que la imagen también forma parte del espectáculo.


Entre su repertorio hubo una canción que sobresalió particularmente: "Son Of The Devil", recibida con especial entusiasmo y convertida en uno de los momentos más recordados de su presentación.


La tercera banda local fue Leila Harlac, que terminó de preparar el terreno para la llegada del protagonista.

Para ese momento, la espera ya se había hecho considerable. Pero el público permanecía ahí. Y esa persistencia decía bastante sobre la clase de seguidores que había llegado hasta Arkham.

Pasadas las 22:30, finalmente llegó el momento. Y para comprender por qué la presencia de Dr. Chud genera semejante expectativa hay que recordar de dónde viene.

Armando “Dr. Chud” Shipp fue una pieza fundamental de la etapa más popular de Misfits posterior a la salida de Glenn Danzig. Su incorporación a la banda como baterista coincidió con una etapa en la que Misfits volvió a ocupar un lugar importante dentro de la escena internacional, particularmente a partir de American Psycho (1997) y Famous Monsters (1999).

Aquellos discos marcaron una etapa muy particular para Misfits. El sonido se volvió más pulido, las canciones conservaron los elementos clásicos del horror punk pero incorporaron una producción más potente y una orientación mucho más cercana al metal. Y Dr. Chud tuvo un papel fundamental en esa transformación.

Por eso, una presentación centrada justamente en ese período tenía un atractivo especial. El setlist no decepcionó.


De las 22 canciones interpretadas, nada menos que 13 pertenecieron al repertorio de Misfits, recorriendo principalmente American Psycho y Famous Monsters. A eso se sumaron siete canciones de Diagnosis for Death, el álbum asociado al proyecto solista Dr. Chud X-Ward de 2004, además de dos piezas adicionales que permitieron ampliar todavía más el recorrido.


La elección fue inteligente: no se trató simplemente de reproducir los grandes éxitos de Misfits, sino de reconstruir una parte específica de su historia y, al mismo tiempo, mostrar qué ocurrió con ese sonido cuando Chud continuó desarrollándolo por fuera de la banda.

Después de la introducción, el show comenzó con "Lost in Space", perteneciente al repertorio de Misfits.



Desde los primeros compases quedó claro que la intención no era ofrecer una reproducción arqueológica de aquellas canciones. Había energía, volumen y una actitud mucho más cercana al directo de una banda de punk que a una reconstrucción nostálgica.


La noche siguió con "Mommy Made Luv 2 an Alien" y rápidamente apareció uno de los primeros grandes clásicos: "Speak of the Devil". El público empezó a cantar las letras y la conexión se hizo evidente.

Después llegaron "Crimson Ghost" y "Saturday Night", dos canciones que representan perfectamente aquella estética de Misfits: melodías relativamente accesibles envueltas en imágenes de monstruos, extraterrestres, muerte y cultura de serie B.

No hacía falta explicar demasiado. Los asistentes conocían las canciones... Y las conocían muy bien.

Uno de los mayores aciertos de la noche fue no convertir el show en un tributo extendido a Misfits.

El repertorio incluyó material propio de Chud y permitió comprender que el músico tiene una identidad que va más allá de la banda que le dio reconocimiento internacional.


Canciones como "Hate the Living, Love the Dead", "Resurrection", "Rabid", "Goodbye", "Spiderbaby", "Blue Skin" y "Bury You Alive" fueron mostrando distintas caras de Diagnosis for Death.

El sonido se desplazó progresivamente hacia terrenos más pesados, con una presencia instrumental que por momentos se acercó al metal sin abandonar completamente la estructura punk.


Especialmente interesante fue "Walking Dead", perteneciente a su proyecto Sacred Thrash, que permitió escuchar una faceta todavía más metalera.

Fue una de esas pequeñas desviaciones del setlist que ayudan a evitar que un recital basado en material histórico termine convertido en una simple máquina de nostalgia.


Una de las características más evidentes de la noche fue la cercanía entre músicos y asistentes.

La cantidad de público podía no ser impresionante, pero quienes estaban ahí parecían haber llegado con una misión concreta: cantar, saltar y disfrutar.

No había grandes espacios de silencio entre canciones. El público reaccionaba ante cada clásico y especialmente ante aquellos temas asociados a American Psycho y Famous Monsters.


"Hunting Humans", "Die Monster Die" y "Astro Zombies" fueron algunos de los momentos donde esa conexión se hizo todavía más evidente.

Y después llegó "Do Ya Wanna Dance", el cover que agregó una cuota de diversión y descontracturó todavía más la presentación.


Un momento del show que resultó divertido fue cuando al chiquita se le cortó la 4ta cuerda y en lugar de detener la canción o abandonar momentáneamente el escenario, decidió seguir tocando y rockeando hasta terminarla. Fue una de esas situaciones que, lejos de arruinar el recital, terminaron humanizándolo.


Porque el punk también tiene algo de eso: solucionar el problema sobre la marcha y seguir adelante.

El show fue entrando en su última etapa con "Powerless", antes de desembocar en un cierre que terminó siendo mucho más participativo de lo esperado.



Llegó "Forbidden Zone" y Dr. Chud dejó el micrófono para sentarse tras la batería e invitó a distintas personas del público a subir al escenario. Entre ellas estuvo Leila Harlac, una de las artistas que había participado en la apertura de la noche.

Y entonces ocurrió algo que sintetizó bastante bien el espíritu de toda la presentación: Chud volvió a la batería mientras el escenario se llenaba de invitados y voces. El último golpe llegó con "Dig Up Her Bones".


El clásico de Famous Monsters fue el cierre perfecto. Una canción reconocible desde el primer acorde, con un estribillo pensado para ser cantado por una multitud y que terminó funcionando como una despedida colectiva. Fue el momento en que músicos, invitados y público parecieron mezclarse en una misma escena.


Pero la historia no terminó cuando se apagaron las luces. Después del recital, Dr. Chud tomó una decisión que merece ser destacada: se quedó en el lugar para sacarse fotos y firmar autógrafos a todos los fans que quisieran acercarse.

No se trató de una aparición fugaz ni de una fotografía rápida para cumplir con una obligación. Se tomó el tiempo para atender a quienes habían esperado durante toda la noche.

En una época donde muchas veces la distancia entre artista y público parece crecer, ese gesto tuvo un valor especial.


Dr. Chud X Ward no llegó a Buenos Aires para ofrecer una producción gigantesca ni para esconderse detrás de una puesta millonaria. Llegó con una colección de canciones que forman parte de una etapa fundamental del horror punk, con material propio y con la experiencia de alguien que estuvo dentro de una de las bandas más influyentes de la historia del género... Y el público respondió.

Desde "Lost in Space" hasta "Dig Up Her Bones", pasando por "Saturday Night", "Hunting Humans", "Astro Zombies", "Walking Dead" y "Forbidden Zone", el repertorio permitió recorrer diferentes momentos de una trayectoria que muchas veces queda eclipsada por el nombre de Misfits.

Quizás esa haya sido la verdadera virtud de esta presentación... No fue solamente volver a escuchar canciones de Misfits. Fue recordar que detrás de algunas de esas canciones existe un músico, una etapa y una historia propia.

Y cuando finalmente Dr. Chud dejó la batería, bajó del escenario y se quedó entre la gente para firmar discos, sacarse fotografías y saludar a sus seguidores, la distancia entre aquella figura histórica del horror punk y el público porteño prácticamente desapareció.

Arkham no estuvo lleno. Pero los que estuvieron, estuvieron de verdad.

Y para una noche dedicada al punk, al horror y a los monstruos, probablemente no hacía falta mucho más


Review redactada por Ortiz Andrés 

Fotografías por García Nadia

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