La Renga en Corrientes: Bienvenidos a un nuevo banquete !!

El sábado 12 de septiembre de 2026, el Anfiteatro Mario del Tránsito Cocomarola de Corrientes volvió a convertirse en territorio renguero. Cuatro años después de su última visita , La Renga regresó a la provincia para ofrecer un nuevo banquete, en una noche que terminó reuniendo a miles de seguidores de la banda de mataderos. 
Desde mucho antes de que se encendieran las luces del escenario, la ciudad empezó a sentir que algo grande estaba por suceder. La llegada de seguidores desde distintos puntos del país transformó las inmediaciones del Cocomarola en una enorme previa: banderas, remeras, encuentros entre amigos, asados, guitarras y esa sensación tan particular de saber que, durante unas horas, miles de almas rengueras iban a convertirse en parte de una misma historia. 
La dimensión del acontecimiento también quedó reflejada en el operativo montado alrededor del anfiteatro. 
Cuando empezó el banquete 
Y entonces llegó el momento. 
El escenario se encendió y “Buena ruta hermano” abrió una noche que desde el primer acorde tuvo olor a ruta, barrio y libertad. Le siguieron “Tripa y corazón”, “A la carga mi rocanrol”, “Buena pipa” y “Motoralmaisangre”, haciendo que el Cocomarola se transformara rápidamente en una gigantesca garganta colectiva. 
La banda de Mataderos, avanzó por un repertorio que recorrió distintas etapas de su historia. “Ese lugar de ninguna parte”, “Desnudo para siempre”, “La furia de la bestia rock”, “Motorock” y “El terco” fueron construyendo una atmósfera cada vez más intensa. 
Pero si hay algo que caracteriza a un recital de La Renga es que no existe una verdadera separación entre escenario y público. Chizzo, Tete, Tanque y Manu ponen la música; el resto lo completa esa multitud de LOS MOSMOS DE SIEMPRE que canta, salta, abraza, agita banderas y convierte cada canción en una experiencia colectiva. 
El arte infernal 
El show tuvo además una fuerte presencia visual. De la mano de Fito y Javi,las imágenes que quedaron de aquella noche muestran un escenario cargado de luces, colores, figuras y una estética que por momentos parecía salir directamente de una ilustración de “Arte infernal”. 
Y justamente “Las cosas que hace / Cortala y olvidala / Arte infernal” apareció como uno de los momentos fuertes del repertorio. Después llegaron canciones que forman parte del ADN más profundo de la banda: “Cualquier historia”, “Balada del diablo y la muerte”, “En el baldío” y “Bien alto”. 
La noche no fue solamente un recital. Fue una sucesión de imágenes: miles de brazos levantados, luces atravesando el humo, banderas moviéndose sobre la multitud y una banda que, después de tantos años, sigue teniendo la capacidad de transformar un anfiteatro entero en una enorme usina de rock. 
Una historia que se canta entre todos 
Uno de los grandes momentos llegó con “Me hice canción / Rock de la calle”,recordando al gran Uruguayo "Negro Ruben Rada" . Fallecido unos dias atrás. Y si fue seguido por “Negra es mi alma, negro mi corazón”, “Cuándo vendrán” y “La banquina de algún lado”.
Y cuando parecía que ya no quedaba nada por entregar, todavía faltaban algunos de los clásicos más esperados. 
“El juicio del ganso”, “El viento que todo empuja”, “Oscuro diamante” y “El final es en donde partí” fueron llevando el concierto hacia su tramo final. 
Pero nadie quería que terminara. 
Por eso llegó el regreso al escenario. 
El final: tres canciones para despedirse 
El bis fue directo al corazón: “El revelde”, “La razón que te demora” y, finalmente, “Hablando de la libertad”. 
Y ahí quedó todo dicho. 
Porque quizás esa última canción resume mejor que ninguna otra lo que significa un encuentro de La Renga y su gente que llega desde distintos lugares, con distintas historias, distintas edades y distintas vidas, pero que durante una noche encuentra una misma  pasión. 
El 12 de septiembre, Corrientes no recibió simplemente a una banda de rock. 
Recibio a La Renga.
Y La Renga volvió a hacer lo que sabe hacer: convertir canciones en encuentros, escenarios en territorios y recitales en recuerdos que siguen sonando mucho después de que se apagan las luces. 
El Cocomarola quedó atrás. La ruta continuó. 
Pero para quienes estuvieron ahí, el banquete recién terminó cuando el último acorde desapareció en la noche correntina.

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